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martes, 28 de diciembre de 2021

El torero y la plaza (Homenaje)

      El último cuadro que terminé en mi último año de la carrera, hacia abril de 1993, fue el que titulé: "El torero y la plaza (Homenaje)", y que pinté siguiendo la técnica que había iniciado con el del Viejo y la fruta, es decir, una técnica  mixta, con papel pegado y arrancado sobre el que dibujé el retrato de Juan Belmonte, y en la tela, con temple vinílico, una vista de la portada de La Maestranza. Digo que es el último que terminé, porque una vez lo acabé comencé otro cuadro que no llegué a terminar, y que lo retomé años después y que en otra entrada comentaré.

     Las medidas del cuadro son 130 x 97 cm, las mismas que mi cuadro manifiesto, y lo hice con la intención de presentarlo al concurso de pintura que organizaba la propia Maestranza de Caballería. La obra no fue elegida en esa ocasión, sin embargo, la presenté a otros concursos en los que sí que fue escogida.

 


       La historia del cuadro, porque todo cuadro tiene una historia, es sencilla. La materia era Creación pictórica, y ya había pintado el cuadro del Viejo y la fruta, buscaba otro motivo que pintar, y entonces surgió la idea de pintar un cuadro que presentar al concurso de la Maestranza de Caballería. Siempre me había gustado la portada barroca de la plaza, así que fui una tarde y le hice fotos, varias y de distintos ángulos. Luego, siguiendo la línea del cuadro anteriormente mencionado, quería poner un retrato, en primer término, de un torero, y es entonces cuando buscando fotos y cuadros antiguos doy con el cuadro que Zuloaga pintó de Juan Belmonte, y algún boceto que hizo previamente. 


      Como sólo quería un primer plano, y sin la montera apenas se relacionaría con un torero, le pedí a un compañero de clase, Álvaro Heras, muy aficionado a los toros, que me dibujara cómo eran las monteras de aquella época, me la dibujó en una hoja y de allí la copié para superponerla al retrato que ya tenía abocetado. Con barras de grafito 6B le di consistencia a la montera, trabajé con grafito el retrato encima de la vista de la Maestranza que había previamente pintado. 

     El cuadro ha estado expuesto en distintas poblaciones y en diversos concursos:
En 1994 en el XV concurso de pintura Villa de Montellano, y posteriormente en el 2002 en el I Premio de Pintura taurina EOI- Aula Bienvenida, Madrid.

     También lo tengo en venta en la web artquid, en la siguiente dirección: https://es.artquid.com/artwork/95220/el-torero-y-la-plaza-homenaje.html


viernes, 1 de marzo de 2019

SILENCIO






    En 1989 cursaba 2º de Bellas Artes, en la materia de Dibujo del Natural, se nos pidió un dibujo en el que se mostrase un concepto abstracto utilizando la figura humana. Entonces, después de buscar la inspiración, porque existir, existe, como decía Picasso "la inspiración te tiene que pillar trabajando", y como yo le digo a mis alumnos, "la inspiración es algo activo, hay que buscarla, no esperar a que venga". Pues me puse a buscar, y encontré una escultura de Joan Rebull, de 1927, que se llamaba "Gitaneta", y ahí estaba mi modelo. 


     La interpreté, cogí un papel gris Canson, y con pasteles fui dibujando ese desnudo adolescente, de mirada perdida, profunda, de labios prietos, lineales, que transmitía la idea que quería: silencio, silencio gris, azul, un poco blanquecino. Oscurecí los bordes como una fotografía antigua, ennegrecida por el bromuro de plata, porque el silencio es antiguo y profundo.


      En 1990 la expuse en Tocina, el pueblo natal de mis padres, junto con profesores de la Facultad como Juan Manuel Miñarro, Germán Pérez Vargas, Manuel Mazuecos, Carlos Ortiz de Villate y compañeros como Arturo Molina, Mª Belleda López Montero, y algunos más. La exposición se llamó "Diez artistas de la pintura y escultura contemporánea", un poco fuerte para algunos que sólo estábamos empezando, pero fue motivador exponer con profesores siendo un simple alumno de tercero.

    Posteriormente, esta obra la presenté a la XLII Exposición de Otoño de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, de Sevilla, fue seleccionada y expuesta en el Convento de Santa Isabel, en 1994.

     A finales de 2014 surge el interés por esta obra de un cliente, abogado, para el que estaba pintando como un poseso, pero al final no se atrevió a colgarla en el bufete. Así que ahora que está tan de moda la polémica con la exposición de Baltus en el Museo Thyssen, y que el día 8 se celebra el día de la mujer, me he acordado de ella.

       Así que sigue esperando a que alguien se decida a colgarla en su casa.


martes, 19 de agosto de 2014

Mi cuadro manifiesto: "La fruta y el viejo. Tentación"

    Muchos movimientos artísticos de principios del siglo XX elaboraban un manifiesto en el que justificaban o cimentaban sus intenciones artísticas. El Manifiesto dadaísta de Tristan Tzara, el Manifiesto futurista de Filippo Tommaso Marinetti, el Manifiesto suprematista de Kasimir Malevich o el Manifiesto surrealista de André Bretón.
    En otras ocasiones un cuadro puede servir de manifiesto de un movimiento, como "Impresión. Sol naciente"  de Monet, "Las señoritas de Avignón" de Picasso, o "Primera acuarela abstracta"  de Kandinsky.

    Pues bien, mi cuadro manifiesto es este: "El viejo y la fruta. Tentación"  130 x 97 cm, Técnica mixta sobre arpillera y Papel Basic.



    Este cuadro lo pinté el último curso de la Facultad, para la materia de Creación pictórica, y surgió después de estar el primer trimestre sin pintar nada. No sabía qué hacer. No me apetecía seguir pintando modelos, quería empezar a crear algo  mío, algo propio, encontrar mi manera de expresarme.
    Así que iba todo el tiempo ideando qué hacer, no asistía a clase. Pero era el último curso y quería terminar la carrera, así que estaba pensando todo el tiempo, a cada instante...y de repente me fijé en los carteles arrancados de una pared, la textura que se producía, junto con los desconchones del muro. Ya tenía la técnica, ahora faltaba el motivo que pintar.
    Por aquel entonces leía El Mundo y el domingo se acompañaba de una revista semanal, y allí encontré un reportaje fotográfico sobre los mendigos de Madrid, y ahí fue donde encontré al "viejo", en blanco y negro, así que decidí dibujarlo con grafito sobre papel arrancado del lienzo. Pero...y qué poner en color. Quería hacer un "arte total", utilizar varios soportes a la vez, usar varias técnicas en un mismo cuadro y mezclar el dibujo con la pintura, el color con el blanco y negro, la línea con la mancha.
 
    Pensando y pensando no sabía qué pintar, y "vualá" dos páginas más adelante había un reportaje sobre fruta, y una foto muy colorista de manzanas de distintos tipos. Allí estaba el color de mi cuadro.
    Y el tema que unía ambas imágenes era la tentación: un mendigo y unas apetecibles manzanas. Ya podía empezar a trabajar.
    
    Comenzé por la tela que sería el soporte base, y escogí una de arpillera, muy texturada y la preparé con cola blanca, sulfato de cal y blanco de titanio, luego le dí unas capas de tierra sombra tostada. Primero pegué el papel, hice un encaje del dibujo y procedí a arrancar lo que me interesaba, con barras y lápices de grafito dibujé al viejo.
    El profesor de la materia era D. Antonio Zambrana, decano por entonces de la Facultad de Bellas Artes, y que asistía poco a clase. En una de las pocas ocasiones en que coincidimos, ya que yo iba más veces por la tarde que en horario de mañana, se acercó al cuadro, se retiró, se volvió a acercar y me dijo: "Te has quedao conmigo", yo no sabía por qué decía aquello, y me volvió a repetir: "Te has quedao conmigo, creía que era una fotocopia, pero lo estás dibujando a grafito y a mano alzada" . Lo cual lo tomé como un cumplido, parecía que le gustaba... En clase quien siempre estaba era Carmen Cano, que todo lo más que decía al ver mi cuadro era: "¡Qué bonito!". Esa fue toda la guía y orientación que tuve en la materia. Allí aprendiamos más unos de otros que del profesorado.
    Después pinté con temple a la cola y de manera muy suelta las manzanas. Pintaba por las mañanas y por las tardes, ya que la clase nos la dejaban abierta para poder trabajar en ella como si fuera un estudio.

    Estuve dos meses con el cuadro, no recuerdo cuántas horas le dediqué pero al final de curso sólo pinté este cuadro y otro de la Maestranza y Belmonte, que veremos otro día, y comenzé otro que años más tarde terminé. Obtuve un 10 en Creación pictórica, y alguna compañera le molestó mucho, decía que apenas venía a clase y que ella que no faltaba y había pintado muchos cuadros sólo sacó un 7. Ante este comentario sólo consiguió de mi el silencio, ¿Qué podía decirle?, apenas había visto a los profesores y sólo vieron de mí mi obra.

     Una de las anécdotas de este cuadro es cuando lo envié al XLVII Certamen Nacional de Pintura José Arpa, organizado por el Ayuntamiento de Carmona, fue seleccionado y cuando fui a verlo en la sala no estaba. Tenía la carta en la que me indicaban que me habían seleccionado, lo enseñé y me dijeron que cuando fueron a montar la exposición los cuadros no cabían, y sobre la marcha, los que estaban montando la muestra, dejaron unos cuantos cuadros sin colgar. Entre ellos, el mío.

     Tras enviarlo a distintos concursos, ahora está en el salón de mi casa  y no lo tengo en venta. Es mi cuadro manifiesto, el primero de una serie que sigue hasta hoy.